La esencia de la mujer

Extracto de un texto del pensador turco Fetullah Gülenerudito de Islam y promotor de la educación y del diálogo interreligioso. 

La mujer fue creada como un magnífico ejemplo de afecto respecto a sus facultades internas, y su afecto es una parte del temperamento y naturaleza con los que fue creada. Una mujer de esta naturaleza pura, si no es mancillada con intervenciones erróneas, siempre piensa en el cariño, habla con afecto, se comporta tiernamente, observa a los que están a su alrededor con cariño durante toda la vida y concede a todo el mundo dicha y ternura.Al mismo tiempo sufre por ellos desde dentro, debido a su refinamiento y su sinceridad. Se preocupa por todo el mundo: sus padres, hermanos, amigos y todos los parientes; y cuando llega la hora (en su casamiento) por su cónyuge y sus hijos. Al compartir placer, gozo y alegría, florece como una rosa, y riega a aquellos que están a su alrededor con sonrisas. Y cuando ve que sufren por algo, se pone pálida, se marchita como las hojas y gime de dolor.Ella quiere ver cosas hermosas y estar rodeada de la belleza; a veces consigue lo que desea, y otras no. A veces el viento sopla severamente alrededor de ella para sacudir todo lo que es cercano a su corazón. Entonces su corazón no está tranquilo donde quiera que va, se siente incómoda en todo momento y respira a través de las lágrimas que le brotan desde dentro.

Y a veces se pone tan alegre como una niña con las bellezas que aparecen en su horizonte, y proporciona la alegría a manos llenas a todo el mundo.Una mujer que encuentra a su compañero espiritual y que sacia su sed con sus hijos no se diferencia de las huríes (hermosas doncellas) del Paraíso; y el hogar establecido alrededor de esa persona no es diferente que el Jardín de Firdaws en el Paraíso. Y tampoco es sorprendente que los niños, que crecen saboreando el cariño a la sombra de este Paraíso sean parecidos a los seres celestiales. En efecto, una persona afortunada que crece en tal ambiente vivirá en un estado de alegría más allá de este mundo como si hubiera alcanzado los Jardines de Firdaws en el Paraíso; animando con sus sonrisas a los que están a su alrededor.En tal hogar, las formas y los cuerpos podrían parecer diferentes, pero el alma que gobierna cada uno es única.

Y, esta alma, que emana de la mujer en todo momento y rodea la casa por completo, como una magia, o un espíritu, es percibida por todo el mundo como si los condujera en ciertas direcciones. Una mujer bendita que no ha restringido el potencial de su corazón y está abierta a la espiritualidad es como la Estrella Polar en el sistema familiar; ella se queda donde está y gira en torno a sí misma, y todos los otros miembros del sistema estructuran sus existencias alrededor de ella, y se marchan hacia sus destinos fieles a ella. De hecho, nuestra relación con el hogar es temporal, limitada y relativa. Pero la mujer, aunque tenga otras tareas o no, siempre se mantiene erguida en el corazón de su hogar y nutre nuestros sentimientos con afecto, piedad y amor.

Una mujer que está totalmente orientada hacia la eternidad en términos de sentimientos y pensamientos inspira en nuestros espíritus emociones que ningún maestro o profesor logran; y ornamentan nuestros corazones con las caligrafías más hermosas de los sentimientos más profundos, que no se pierden en la noche de los tiempos ni son borrados por nadie. Entonces, con los antecedentes espirituales que nos da, nos regala invaluables riquezas potenciales para nuestra vida futura. Nosotros, en la presencia de esta «señora perfecta» (insan al-kamila), siempre tenemos el sentimiento de que la piedad, el afecto y los poemas del Más Allá fluyen sobre nuestras almas, y temblamos con la alegría de lo divino.

Para nosotros, la mujer, sobre todo en su dimensión maternal, es tan inmensurable como el cielo y es una profusión de sentidos y afectos que rebosan en su corazón como las numerosas estrellas de los cielos. Ella siempre se encuentra cómoda con su destino, sea dulce o sea amargo, y permanece en paz con sus alegrías y sus tristezas, cercana a la dicha y el cuidado de los otros al tiempo que protege su alma del rencor y el odio. Ella, en un constante esfuerzo por revivir y restaurar, es el centro más puro del Califato Divino, así como la esencia de la delicadeza humana. Sobre todo, la mujer afortunada que ha abierto la puerta de su corazón hacia la eternidad en virtud de su creencia y su fe en la vida después de la muerte, ocupa una posición inimaginablemente prodigiosa —una posición que puede describirse como el reino unificado de lo físico y lo espiritual, o cuerpo y alma—, un punto tan maravilloso que cualquier otro título o posición se asemejarían a una débil llama de vela ante su verdadero mérito que luce como un sol refulgente.

La mujer, en nuestro mundo de pensamientos y valores, es el color más importante del fenómeno de la creación, el pilar más próspero y mágico de la humanidad, la proyección intachable de las bellezas del Paraíso en nuestros hogares, y el sostén más seguro de nuestra existencia y continuidad. Antes de su creación, el Profeta Adán estaba solo, la naturaleza no tenía vida, el ecosistema estaba desprovisto de espíritu, la especie humana estaba destinada al colapso, el hogar no era diferente al hueco de un árbol como si fuera la guarida del animal, y el ser humano era preso de su propia vida. Con ella, se formó un segundo polo y los dos polos se juntaron. La existencia se animó con una voz y visión nuevas y diferentes; la creación entró en la fase de la finalización y el solitario humano fue transformado en una especie, y se convirtió en uno de los elementos más importantes del Universo. Gracias a su llegada su cónyuge ganó méritos que superan a todos los otros valores.

Aunque la mujer, tanto fisiológica como psicológicamente, sea de una naturaleza y características diferentes, eso no denota ninguna superioridad al hombre sobre la mujer o viceversa. Imaginen a la mujer y el hombre como el nitrógeno y el oxígeno en el aire: ambos son sumamente importantes en términos moleculares, con respecto a sus papeles y funciones especiales, además de necesitarse el uno al otro en un mismo grado. Hacer una comparación entre los hombres y las mujeres es tan absurdo como comparar las sustancias que forman el aire, como por ejemplo decir que el nitrógeno es más valioso o que el oxígeno es más beneficioso. De hecho, el hombre y la mujer son idénticos en cuanto a su creación y su misión en el mundo, y se necesitan mutuamente en el mismo grado.

Dios creó a la mujer como compañera del hombre, nada más. Adán no podía existir sin Eva, y Eva no podía existir sin Adán. Esta primera pareja tenía una misión muy importante: ser el espejo y el intérprete tanto del Creador como de la creación. Ellos eran como dos cuerpos y un alma, y representaban dos caras de una sola realidad. Con el tiempo, los entendimientos vulgares y los pensamientos arrogantes han arruinado esta unión. Y con ello, tanto la armonía de la familia como el orden social se arruinaron también.

En realidad, como dijo Ibn-i Farid, la belleza tanto de la mujer como la del hombre es un brillo de la belleza del Creador, la más hermosa de todas las bellezas. Estas dos maravillas de la creación se aceptaron como eran y se apoyaron mutuamente, mano con mano y hombro con hombro. Esto los llevó a otro nivel de belleza mayor que el que ya tenían. Cualquier otro acercamiento y camino fuera del marco determinado por el plan de creación los afea y los vuelve burdos. La belleza y la elegancia tienen más sentido con cualidades espirituales y no solo materiales, y la mujer es considerada como el espejo multidimensional de la belleza de la manifestación de lo divino. Este potencial puede convertirse en un medio de malicia si se opaca con los tonos más oscuros de la naturaleza humana y reduce el ámbito de su deber de espejo constriñiendo todo a lo físico.

(English text)

Woman was created a magnificent example of affection with respect to her inner faculties; affection is a part of her temperament and nature by creation. A woman of this pure nature—if not spoiled by mistaken interference—always thinks of affection, speaks of affection, sits and stands in affection, watches those around her in affection throughout her life, and offers glassfuls of affections to everybody. At the same time she suffers for them from within, due to her refinement and sincerity. She cares for everybody—her parents, siblings, friends, and all relatives— and, when the time comes, for her spouse and children. As she shares pleasure, delight, and joy, she blooms like a rose with sweet smiles for those around her. Upon seeing their grief and sorrow, she grows pale, withers, and groans with pain.

She wants to see beautiful things, and to be surrounded by beauty. However, she sometimes finds what she expects and sometimes does not. Sometimes the wind keeps blowing so harshly around her and shakes everything close to her heart. Then her heart cannot settle wherever she goes, she is constantly on pins and needles, and she breathes through tears from within. And at other times the beauties in her range of vision make her as joyful as a child and she fills those around her with cheer.

A woman who has found her match with respect to depth of soul and who has quenched her thirst with her children is no different than the women of Paradise, and the home structured around such a person is no different than the gardens of Paradise. And it is no wonder that her children, who grow up savoring affection in the shelter of this paradise, will be no different than heavenly beings. Indeed those who are fortunate enough to be raised in such an atmosphere of affection will live in a state of otherworldly joy as if they have been exalted to the heavens, inspiring high spirits all around through their smiles.

In such a home, even if they seem separate in the body, the soul that governs everybody and everything is one. And this soul, which always wells up from the woman and embraces the entire home, makes its presence felt like a spell or a spirit, and virtually guides them in certain directions. A blessed woman who has not restricted the potential of her heart and is open to spirituality is like the North Star in the family solar system; she retains her position and spins around herself, and all the other members of the family shape their stances around her, and march towards their aims in devotion to her. In fact, everybody else’s relation with the home is temporary, limited and relative. But a woman, whether she has other jobs or not, always stands up straight in the heart of her home and nourishes our feelings with affection, mercy, and love.

A woman who is totally oriented towards eternity in her thoughts and feelings, inspires our spirits with emotions that no other master or teacher can make us feel; she adorns our hearts with the most splendid inscription of the most wonderful meanings never to fade in time or be erased by anybody. Then, with the spiritual background she provides us, she presents to us priceless potential riches for our later life. In the presence of this perfect woman (insan al-kamila), we constantly sense the mercy, affection, and poetry of the worlds beyond pouring into our souls, and we always breathe with the joy of otherworldliness deep inside.

To us, woman, particularly as a mother, is as deep as the heavens and is a blend of feelings and affections filling her heart like the numerous stars of the skies. She is always content with her share, whether it is bitter or sweet, at peace with her joys and sorrows, intimate with joy and concern, and closed to grudge and hatred. She, in a constant effort to revive and restore, is the purest core of humanity’s vicegerency of God, and the essence of human subtlety. Especially, a fortunate woman who has opened the doors of her heart to eternity through her belief and notion of infinity, holds such a brilliant position beyond imagination, such a magical point—which can be described as the unified realm of the physical and spiritual or body and soul—that the greatest titles or posts we could give her would look like flickering candles before her real merits, which shine like suns; such titles, which are based on superficial and unfair assumptions about her place, position, and qualities, overshadow her genuine worth.

Woman, in our world of thought and atlas of values is the most significant color of the phenomenon of creation, the most fruitful and magical component of humanity, a faultless projection of the beauties of paradise in homes, and the most reliable blessing for humanity’s existence and continuity. Prior to her creation, Prophet Adam was alone, the eco-system was devoid of spirit, man was doomed to extinction; the home was merely a den, no different than a tree hollow, and man’s existence was confined to his own lifetime. With her, a second pole was formed, and the two poles became connected. Existence became enlivened with a new and different voice and vision; creation entered into the phase of completion, and the lone human turned into a species and became one of the most important elements of the universe. Thanks to her coming her spouse earned merits beyond all other values.

Although women, physiologically and psychologically, have a different nature and characteristics from men, that does not denote any superiority of man over woman or vice versa. We can think of woman and man as Nitrogen and Oxygen in the air; they are both vital in terms of their special roles and functions, and need one another to the same degree. Making comparisons between men and women is as absurd as contrasting the substances in the air, saying things like, “Nitrogen is more valuable,” or, “Oxygen is more beneficial.” In fact, man and woman are identical in terms of their creation and their mission in the world, and are like two different faces of the whole in mutual need of one another.

Indeed, God has created woman as partner to man, and not as anything else. Adam could not be without Eve, and Eve could not be without Adam. This very first couple, were entrusted with the important duty of being mirror and interpreter, both in the name of their Creator and on the part of the creation. They were like two bodies and a single soul and represented two different faces of one truth. In time, rough understandings and crude thinking have upset this balance; with that, both the harmony of the family and the social order were upset too.

As a matter of fact, as Ibn Farid put it, the beauty of woman and that of man was each a glimmer of the beauty of the Creator, the Most Beautiful. These two marvels of creation accepted each other as they were and supported one another, hand in hand, shoulder to shoulder. This raised them to another level of beauty higher than the one they were already at. Approaches and ways outside the framework of their creation make them ugly and rough. Beauty and elegance are most meaningful with spiritual (as opposed to material) qualities, and a woman is regarded as a multi-dimensional mirror of the beauty of the manifestation of the divine. This potential might turn into a means of mischief if she dims herself with the darkest hues of human nature and narrows down her scope of duty of being a mirror by binding everything to physicality.

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Acerca de Giselle Habibi

Soy la autora del libro Danza Oriental en Egipto, periodista, traductora y bailarina de danza árabe, pero ese es mi ego hablando. Mi yo interior es un espíritu despierto, un alma ecléctica que vive el presente apasionadamente. Creo que en la amplia variedad de habitantes de este mundo tenemos una fuente inagotable de maestros así como de compañeros para disfrutar el samsara. Desearía que cuidáramos mejor a la naturaleza y especialmente a nuestra familia humana, porque todos somos UNO y lo que pensamos, hacemos y decimos reverbera para siempre.
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3 respuestas a La esencia de la mujer

  1. Pingback: Mi experiencia con el Islam | unmundodeluz

  2. Asunción Borges dijo:

    VAN A SEGUIR DANDO CLASES EN ESTE AÑO 2013? ME ENCANTARIA ASISTIR

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