Cannabis: el néctar de la delicia

Fuente: “Plantas de los dioses” de Richard Evans Schultes y Albert Hofmann. FCE.

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Una tradición india sostiene que los dioses le dieron a la humanidad la planta del cáñamo para que pudiera obtener deleite, valor y deseos sexuales potenciados. La cannabis brotó cuando el néctar o amrita goteó desde los cielos. Otra historia cuenta que cuando los dioses, ayudados por los demonios, batieron el océano de leche para obtener amrita no obtuviero ésta sino cannabis, uno de los néctares divinos.

Fue consagrado a Shiva y constituyó la bebida favorita de Indra. Después de haber batido el océano, los demonios trataron de obtener el control sobre amrita, pero los dioses pudieron impedírselo, por lo que dieron a la cannabis el nombre de vijaya (victoria) para conmemorar su triunfo. En la India se cree desde entonces que esta planta de los dioses confiere poderes sobrenaturales a la persona que la utilice.

Esta relación del hombre con la cannabis existe probablemente desde hace unos 10,000 años, es decir, desde el descubrimiento de la agricultura en el Viejo Mundo. La cannabis, uno de nuestros cultivos más antiguos, es la fuente de fibra de cáñamo, de aceite y de aquenios o “semillas” utilizadas como alimento por el hombre, tiene propiedades narcóticas y se emplea tanto en la medicina tradicional como en la farmacología moderna para tratar numerosas enfermedades. Es en buena parte por sus múltiples usos por lo que la cannabis ha sido llevada a muchas regiones del mundo.

Con respecto a la clasificación botánica de la cannabis, la corriente general es la de asignarla a una familia especial, cannabaceae, la cual consta de sólo dos géneros: la cannabis y el humulus (lúpulo) y de tres especies: indica ruderalis y sativa. Estas especies se distinguen por sus diferentes modos de crecimiento, por las características de sus aquenios y especialmente por las diferencias que hay en la estructura de las fibras.

En China se han conservado muestras de la fibra de cáñamo que datan de 4,000 años a.C. así como de hilo y cuerdas de cáñamo en Turkestán de casi 3,000 años a.C. También se han encontrado piedras utilizadas para batir la fibra del cáñamo en algunas zonas muy antiguas de Taiwán, así como impresiones de cordel de cáñamo hechas en algunas piezas de cerámica. En Turquía se han encontrado textiles fabricados con cáñamo de finales del siglo VIII a.C, así como un especimen cuestionable de cáñamo en una tumba egipcia que tiene entre 3,000 y 4,000 años.

Los vedas hindúes consideraba a la cannabis uno de los néctares divinos, capaz de otorgar al hombre todo tipo de dones, desde salud y larga vida hasta visiones de los dioses. El Zend Avesta del año 600 a.C. menciona una resina intoxicante y los asirios ya en el siglo IX a.C usaban la cannabis como incienso.

En China hay inscripciones de la dinastía Chou del año 700 al 500 a.C que acompañan el antiguo ideograma de cannabis, ma, con una connotación negativa, ya que indican sus propiedades estupefacientes. Como esta idea obviamente es muy anterior a la escritura puede ser tomado como una prueba de que los chinos conocían, y probablemente usaban, las propiedades psicoactivas de esta planta desde tiempos muy antiguos.

Un sacerdote taoísta escribió en el siglo V a.C. que la cannabis era empleada por “los nigromantes, en combinación con ginseng, para adelantarse en el tiempo y revelar sucesos futuros”. Durante esos primeros periodos el uso de la cannabis estaba asociado, sin duda alguna, con el chamanismo en China, pero cuando los chinos entraron en contacto con los europeos unos 1,500 años después, el chamanismo había empezado a declinar y el uso de la planta como intoxicante parecía haber cesado y caído en el olvido.

Así pues, en aquel tiempo su valor en China era fundamentalmente como fuente de fibra. Hay, sin embargo, informes sobre el cultivo ininterrumpido del cáñamo en China desde tiempos neolíticos, y se ha llegado a sugerir que la cannabis puede ser originaria de China y no de Asia central.

Alrededor del año 500 a.C. el escritor griego Herodoto describió un baño de vapor de los escitas. Señaló que “hacían una tienda clavando en la tierra tres palos que se apoyaban uno en otro y extendían alrededor pieles de lana, arregladas de tal forma que quedaran lo más cerca posible. Dentro de la tienda ponían un plato en el piso en el cual colocaban varias piedras sumamente calientes y añadían entonces algunas semillas de cáñamo. Inmediatamente se producía humo y se formaba tal vapor que ningún baño de vapor griego lo podría superar, los escitas se deleitaban y daban gritos de felicidad.

Recientemente los arqueólogos han encontrado en las excavaciones de las tumbas escitas de Asia central que datan de 500 a 300 a.C. trípodes, odres, braseros y carbón con restos de fruta y hojas de cannabis. En general, se ha aceptado que la cannabis es originaria de Asia central y que los escitas llevaron la planta hacia el oeste, hasta Europa.

Aunque no es seguro que los griegos y los romanos hayan utilizado la cannabis para intoxicarse, se sabe que conocían los efectos psicoactivos de esta droga. Demócrito mencionó que ocasionalmente se bebía con vino y mirra para producir estados visionarios. Galeno escribió hacia 200 d.C. que era común ofrecer cáñamo a los invitados para incitar la hilaridad y el disfrute.

La cannabis llegó a Europa por el norte. El poeta romano Lucilio la menciona en el año 120 a.C., Plinio el Viejo describió la preparación y las diferentes calidades de las fibras de cáñamo y se ha encontrado cordel de cáñamo en unas ruinas romanas en Inglaterra que datan de los años 140-180 d.C.

Enrique VIII fomentó el cultivo del cáñamo en Inglaterra. La supremacía marítima de Inglaterra durante la época de Isabel I aumentó mucho la demanda. El cultivo del cáñamo comenzó también en las colonias británicas del Nuevo Mundo: primero en Canadá en 16060 y luego en Virginia en 1611; los primeros colonizadores llevaron este cultivo a Nueva Inglaterra en 1632. Antes de la Independencia, en Norteamérica, el cáñamo se introdujo también en las colonias españolas de América: en Chile en 1545 y en Perú en 1554.

No obstante, es probable que el consumo de los aquenios haya sido anterior al descubrimiento de las útiles fibras. Estos aquenios son muy nutritivos y es difícil imaginar que los primeros hombres, en una constante búsqueda de alimento, hayan ignorado esta propiedad. Algunos descubrimientos arqueológicos de los aquenios de cáñamo en Alemania, fechados en unos 500 años a.C., señalan el uso de estos productos vegetales como alimento. Desde tiempos remotos hasta el presente, los aquenios del cáñamo han sido utilizados como alimento en Europa oriental y en Estados Unidos como uno de los principales ingredientes de la comida para pájaros.

Efectos curativos

El efecto curativo del cáñamo puede haber sido su primer papel como planta útil. El primer dato que se tiene del uso medicinal de esta planta es el del emperador chino y herbario Shen Nung, quien hace 5,000 años recomendaba la cannabis contra el paludismo, el beriberi, las constipaciones, los dolores reumáticos, la distracción continua y los padecimientos femeninos. Hoa-Glio, otro antiguo herbario chino, recomendaba una mezcla de resina de cáñamo y vino como analgésico para la cirugía.

Pero fue en la antigua India donde este regalo de los dioses encontró un uso exhaustivo en la medicina popular. Se creía que agilizaba la mente, prolongaba la vida, inducía al sueño y curaba la disentería. La obra médica Sushrata afirmaba que podía curar la lepra. El Bharaprakasha del año 1,600 d.C. lo describe como antiflemático, digestivo capaz de afectar la bilis, punzante y astringente y se prescribía para estimular el apetito, mejorar la digestión y afinar la voz. Su uso medicinal en la India era muy amplio, ya que cubría desde el control de la caspa hasta el alivio de dolores de cabeza, manías, insomnio, enfermedades venéreas, tosferina, dolores de oídos y tuberculosis.

En algunas partes de África era estimada por aliviar la disentería, el paludismo, el ántrax y la fiebre. Hasta hoy los hotentotes y los mfengu proclaman su eficiencia contra las mordeduras de serpiente y las mujeres sotho alcanzan una estupefacción parcial fumando marihuana antes de dar a luz.

En la Europa medieval se le concedía a la cannabis gran valor en la medicina; sus usos terapéuticos se pueden rastrear hasta los primeros médicos clásicos. Dioscórides y Galeno. Los herbarios medievales distinguían entre el cáñamo cultivado y el silvestre, y recomendaban este último contra bolas y quistes y otros tumores duros, y el primero para una serie de usos que iban desde curar la tos hasta aliviar la ictericia. Sin embargo, precavían contra su uso excesivo, ya que podía causar esterilidad y secar la leche del pecho de las mujeres.

El hombre primitivo, en su búsqueda de plantas alimenticias, debe haber llegado a conocer los extáticos efectos euforizantes del cáñamo y su intoxicación que los llevaba a otro plano, conduciéndolos a creencias religiosas. Así pues, desde tiempos remotos la planta fue vista como un regalo especial de los dioses, un medio sagrado para comunicarse con el mundo de los espíritus.

Estimulante psicoactivo

Aunque la cannabis es hoy el estimulante psicoactivo más empleado en todo el mundo, su uso como narcótico, excepto en Asia, parece no ser muy antiguo, aunque sus propiedades euforizantes se conocían en la época clásica. En Tebas se preparaba una bebida con el cáñamo que, se decía, tenía efectos semejantes a los del opio. Galeno señaló que se producía una intoxicación si se comía en exceso pan preparado con cáñamo.

El uso de la cannabis como embriagante parece haber sido difundo al este y al oeste por las hordas bárbaras de Asia central, especialmente por los escitas, que tuvieron una influencia cultural muy profunda en la antigua Grecia y en Europa oriental. El conocimiento acerca de los efectos psicoactivos del cáñamo también es muy antiguo en la historia de la India, como lo indica la gran importancia mitológica y espiritual de esta planta.

Una preparación, llamada “bhang”, era tan sagrada que se consideraba que podía disipar el mal, traer buena suerte y apartar al hombre del pecado. Aquellos que pisaran las hojas de esta planta sagrada sufrían pérdidas o desgracias. En cambo, se sellaban juramentos sagrados sobre el cáñamo.

Es probable que las preparaciones de cannabis hayan cobrado su máxima importancia en un contexto religioso en los Himalayas de la India y en el altiplano del Tíbet. Los tibetanos consideraban sagrada a la cannabis. La tradición budista mahayana sostiene que durante los seis pasos de la vía ascética que conduce a la iluminación, Buda vivió a base de una semilla de cáñamo al día (yo había leído que era un grano de arroz…)

La leyenda sostiene que el uso del cáñamo fue introducido en Persia por un peregrino de la India durante el reinado de Khursu (531-579 d.C.) pero se sabe que los asirios utilizaron el cáñamo como incienso durante el primer milenio antes de Cristo.

Conocida comúnmente en África como kif o dagga, la planta ha llegado a ocupar un lugar en la vida social y religiosa de las culturas nativas. Los hotentotes, bsquimanos y kafires usaron el cáñamo por siglos como medicina y como intoxicante.  En una antigua ceremonia tribal, en el valle de Zambesi, los participantes inhalaban los vapores de una pila ardiente de cáñamo; más tarde se emplearon carrizos y pipas y la planta se quemaba en un altar.

Las tribus kasai del Congo han revivido un viejo culto riamba en el que el cáñamo, remplazando antiguos fetiches y símbolos, era elevado a la categoría de dios protector contra daños físicos y espirituales. Los tratados se sellan fumando una pipa de calabaza. En algunas regiones de África oriental, sobre todo en los alrededores del lago Victoria, se acostumbra fumar cáñamo y aspirar hachís en forma ritual.

Los indios tepecanos del noroeste de México usan el cáñamo bajo el nombre de Rosa María cuando no pueden conseguir peyote. Indios de los estados de Veracruz, Hidalgo y Puebla usan la variedad cannabis sativa (a la que llaman Santa Rosa) como una intercesora sagrada ante la Virgen. Aunque la ceremonia está basada principalmente en elementos cristianos, la planta es adorada como una deidad de la tierra, y se cree que está viva y que representa una parte del corazón de Dios.

Los efectos psicoactivos de las preparaciones de cannabis dependen de la dosis, el tipo de planta usada, el modo de administración, la personalidad de quien la consume y los antecedentes culturales y sociales. La característica más frecuente de la intoxicación es un estado soñador.  A menudo se recuerdan sucesos olvidados hace mucho tiempo y los pensamientos aparecen en secuencias aparentemente sin relación. La percepción del tiempo y a veces del espacio se ve alterada. Es típica la euforia, la excitación y la felicidad interior, con frecuencia acompañadas de hilaridad y ataques de risa. Aunque a veces la conducta se torna impulsiva, es raro que desencadene violencia.

 

 

 

Acerca de Giselle Habibi

Soy periodista, traductora y bailarina de danza árabe, pero ese es mi ego hablando. Mi yo interior es un espíritu despierto, un alma ecléctica que vive el presente apasionadamente. Creo que en la amplia variedad de habitantes de este mundo tenemos una fuente inagotable de maestros así como de compañeros para disfrutar el samsara. Desearía que cuidáramos mejor a la naturaleza y especialmente a nuestra familia humana, porque todos somos UNO y lo que pensamos, hacemos y decimos reverbera para siempre.
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