El sistema modal de la música otomana

Resumen de la clase impartida por el músico griego Michalis Cholevas
el 7 de mayo de 2014 en la Ciudad de México organizada por David Cózatl.

michalis

Fotografía: Cortesía de José Elías Némer 

Desde la India hasta Marruecos, la música comparte una característica en común: basarse en modos. Los maqamat árabes producen un cierto sentimiento o atmósfera. El propósito de este panorama sonoro es crear una emoción o color. Lo interesante al ejecutar este tipo de música es modular, para llevar a la audiencia de un lugar a otro sin que se note la transición.

Al igual que las ragas de la India, en el pasado los maqamat estaban conectados con las horas del día. Por ejemplo el maqam Sabah (que en árabe significa mañana) se tocaba por la mañana. La música otomana es emocional y está relacionada con la poesía de Rumi y el Masnavi, un compendio de relatos y poemas con más de 25,000 versos. Por ello, tiene patrones rítmicos complejos que llegan a tener hasta 128 beats (cuartos) por compás.

En primera instancia, los patrones rítmicos se aprendían con las palmas hasta crear melodías que eran memorizadas por los músicos. El conocimiento se transmitía de forma 100% oral. En la antigüedad los músicos solían incluir al instrumento que tocaban en su nombre. Por ejemplo, el nombre de quien tocaba el tanbur empezaba por Tanburi, o el de quien tocaba el ney por Neyzen.

En la música otomana, el color y la tensión se logran con la melodía, puesto que no hay armonía, sino que todo es lineal. Con respecto a la notación originalmente se limitaba a dar instrucciones sobre la ornamentación y cada tanto había un “check point” (estación de referencia) para verificar que la pieza se estuviera interpretando correctamente.

La gran mayoría de la música otomana termina en una tendencia descendente, como si liberara la tensión. Quizá este hecho tenga que ver con la poesía del Masnavi, que busca reflejar el dolor de la separación del todo (Dios), simbolizada por el ney, cuyo sonido constituye un lamento por la separación del carrizal. El ney es el instrumento de referencia por excelencia de la música otomana. Las escalas son sólo un elemento de los maqamat, mientras que el desarrollo melódico, es decir, la forma en la que se usa esa escala, es quizá la parte más importante.

En 1932, turcos, árabes y bizantinos propusieron sistemas de notación musical que resultaron imprácticos. Los turcos copiaron el teorema de Pitágoras con el que los griegos buscaban explicar todos los fenómenos a través de los números. Así, creían que las variaciones necesariamente tenían que ocurrir en intervalos fijos. Los árabes, por su parte, tomaron la escala occidental y la dividieron en 24 notas, pero el sistema no funcionó porque aunque hay notas fijas, hay otras que no son tan definidas. Por su parte los bizantinos propusieron un sistema con aún más divisiones que aunque “rectangular” en términos matemáticos, no funciona del todo bien en términos musicales. Los turcos suelen poner do en sol, mientras que los árabes dejaron el sistema en do. Al no haber polifonía, las notas variables son las que crean la tensión.

Cada maqam está compuesto por bloques más pequeños de tres a cinco notas que tienen su propio color y que necesariamente deben estar interrelacionadas. La escala no es nada sin la estructura, puesto que ésta es la que crea las distintas emociones y sentimientos. Estos bloques se enganchan a las notas fijas. Algunos de ellos son: Rast, Uşak, Huseiny, Bûselik, Çargali, y Kürdi La manera en la que el público percibe el maqam es totalmente personal.

Los más de 600 maqamat se dividen en tres estructuras maqamat ASCENDENTE                           ASCENDENTE/DESCENDENTE                    DESCENDENTE

Los maqamat ascendentes empiezan abajo, suben y luego bajan. Los maqamat ascendentes/descendentes empiezan en medio de la escala, suben y luego bajan. Los maqamat descendentes empiezan arriba y terminan abajo. El objetivo de este tipo de música es crear frases que lleven a la audiencia a la nota que el músico quiere llevarlos.

Estas frases deben ser capaces de correlacionar las notas, que se dosifican poco a poco con una intención clara. La improvisación (taqsim) al inicio o al final de una canción tiene el propósito de introducir la canción o de generar cadencia al final de ella. La música otomana nunca declara directamente lo que quiere decir, por ello, la ornamentación se sugiere, no se toca con claridad, como en la música occidental.

Para moverse entre las notas, es recomendable tocar glissandos, mientras que la nota de destino se toca con un vibrato que semeja el rebote de una pelota de ping-pong, es decir, va de más a menos. El vibrato sirve para mantener la intensidad. Las notas intermedias regulan el color, mientras que las del principio y el final dan el marco, el contexto. Todos los instrumentos musicales utilizados en la música otomana buscan imitar la voz. Si la melodía se desarrolla tocando notas vecinas, cuando hay un cambio, el efecto se magnifica. __________________________________________________________

Michalis Cholevas es un multi-instrumentista griego que toca ney, saz, yayli tanbur y tarhu, una especie de cello (chelo) oriental inventado hace unos diez años por el laudero australiano Peter Biffin. Su diseño utiliza un sistema acústico único en el que las vibraciones de la cuerda se transfieren a un cono de madera muy ligero suspendido dentro del cuerpo. Está inspirado en varios instrumentos de cuerda persas y de la India como el tanbur, el kamanché y la vina. 

La trayectoria artística de Michalis comienza en Atenas, Grecia, donde estudió música bizantina, jazz y del Mediterráneo. A los 30 años se mudó a los Países Bajos para estudiar una Maestría en Música turca en la academia de música del mundo de Rotterdam, donde ahora trabaja como Jefe de Estudios.

Estudió con Ömer Erdoğdular, Kudsi Erguner y Erdal Erzincan y ha colaborado con varios artistas, entre ellos el ganador del Oscar Angelo Badalamenti, Kudsi Erguner, Apolo Musagette Quartet, Brussels Philharmonic Orchestra, el trío de jazz George Kontrafouris y Louisiana Red. Actualmente es miembro de la banda de jazz oriental ArifaAdicionalmente, Michalis se tituló como licenciado en Ciencias Naturales y tiene una maestría en Física Teórica avanzada.

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Acerca de Giselle Habibi

Soy la autora del libro Danza Oriental en Egipto, periodista, traductora y bailarina de danza árabe, pero ese es mi ego hablando. Mi yo interior es un espíritu despierto, un alma ecléctica que vive el presente apasionadamente. Creo que en la amplia variedad de habitantes de este mundo tenemos una fuente inagotable de maestros así como de compañeros para disfrutar el samsara. Desearía que cuidáramos mejor a la naturaleza y especialmente a nuestra familia humana, porque todos somos UNO y lo que pensamos, hacemos y decimos reverbera para siempre.
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