Del caos egipcio surge una rebelión musical: mahraganat

Por Ben Hubbard

(Artículo publicado en el New York Times el 11 de mayo de 2013)

mahraganat

Muhammad Salah (centro) conocido como Okka, y Ahmed Mustafa (derecha) conocido como Ortega. Foto: Bryan Denton para el NYT)

Uno lavaba toallas en una peluquería. El otro vendía comida rápida. Algunas noches tomaban los micrófonos en las bodas al aire libre y probaban los raps que habían escrito, sólo para ser apedreados.

Ahora ellos se encuentran entre las estrellas de mayor auge en Egipto, el país más poblado del mundo árabe y con el mercado musical más grande. Bajo los nombres Okka y Ortega, dan espectáculos en Egipto y en el extranjero.

En pocos años, estos y otros jóvenes músicos han creado un nuevo género de música con conciencia social juvenil que ha irrumpido en el paisaje sonoro egipcio.

Su música es anterior a la revolución política que derrocó al presidente Hosni Mubarak en febrero de 2011, y la mayoría de los músicos no se unieron a la revuelta en la plaza Tahrir. Pero la crisis ha dejado a la gran población juvenil de Egipto en busca de voces que se ocupen de las cuestiones que les preocupan.

La mitad de los 85 millones de habitantes de Egipto son menores de 25 años, y muchos encontraron lo que estaban buscando en el estridente y desafiante música conocida como “mahraganat”, que en árabe significa “festivales”. El ritmo adictivo de las canciones también contribuyó a su éxito.

“Hicimos música que hiciera bailar a la gente pero que también hablara de sus preocupaciones”, dijo Alaa al-Din Abdel-Rahman, de 23 años, más conocido como Alaa 50 Cent. “De esa manera todos escucharían lo que estaba en sus mentes.”

La música es una mezcla de música tradicional de bodas egipcias, hip hop estadounidense y todo lo que sus creadores pueden descargar de internet de gratis. El canto es rápido, a menudo improvisado, y fuertemente adulterado con Auto-Tune.

Las canciones han acumulado millones de visitas en YouTube y han llevado a sus creadores a participar en espectáculos internacionales, películas árabes y anuncios de televisión. En El Cairo su sonido está en todas partes: en los taxis, en los barcos que navegan por el Nilo y en los teléfonos móviles.

El paso de esta música de los callejones de los barrios olvidados de El Cairo a los estéreos de los coches, las bodas de clase alta e incluso comerciales de televisión refleja los profundos cambios en la sociedad egipcia desde la revolución. Más gente está buscando un debate abierto sobre los temas sociales y está dispuesta a acercarse a otras clases sociales para encontrarlo. Al igual que la revolución, la música vino de los jóvenes desesperanzados con sus vidas. Así que hicieron ruido, propagaron sus ideas a través de los medios sociales y les sorprendieron los resultados.

Abdel-Rahman y su socio, el cantante Sadat Abdel-Aziz, de 26 años, crecieron en el barrio cairota de Medinat al-Salam, un barrio pobre, plagado de drogas de edificios de apartamentos ruinosos. Ellos siempre tuvieron dos objetivos musicales: hablar de la vida en su barrio y hacer bailar a la gente.

“Podía cantar en una fiesta callejera, bailar, pero también hablar sobre la situación en la que estoy y sobre lo que todos sentimos”, dijo Abdel-Aziz en una calle llena de basura y sin pavimentar que conduce  a su departamento.

En 2008 los dos jóvenes se unieron a un muchacho tímido llamado Amr Mohamed, que tenía una habilidad especial para manipular el sonido con software pirata. Ahora es un codiciado gurú del sonido conocido como Amr Haha y es reconocido como uno de los creadores del mahraganat.

Las primeras canciones del grupo hablaban sobre el hachís, el sexo, la amistad y el engaño, no la política. Pero eso cambió cuando surgió la revuelta anti-Mubarak en enero de 2011, y Abdel-Aziz cantó una canción llamada “El pueblo y el Gobierno.”

“El pueblo y el gobierno, las ametralladoras y los clubes

Egipto se levantó, e incluso aquellos que no robaron se metieron en ello

Voy a hablar de los que estuvieron allí, de los sobrevivientes y los muertos

Voy a hablar de la iglesia, la mezquita y la Hermandad “.

Los jóvenes revolucionarios, que buscaban una banda sonora para su movimiento, fueron en pos de ellos. Pronto fueron invitados a actuar en el extranjero y en lugares más elegantes de Egipto.

Desde entonces han abordado otras cuestiones sociales, a menudo con una buena dosis de picardía. Cuando el acoso sexual y el abuso se convirtieron en un problema en las protestas callejeras, abordaron el tema, tal vez no como le hubiera gustado a los colectivos femeninos, con una canción cuyo título podría traducirse como “lígatela pero no la acoses”.

 

Y a medida que la economía de Egipto se desaceleró, transformaron el famoso slogan de protesta – “El pueblo quiere la caída del régimen” – con una demanda más mundana: “El pueblo quiere cinco libras de crédito para su teléfono celular.” (Cinco libras egipcias equivalen a unos 70 centavos de dólar).

El surgimiento de un estilo musical considerado el dominio de los pobres ha sorprendido a muchos, incluyendo a los vecinos de Abdel-Aziz, aunque entienden su encanto.

“La gente encontró algo nuevo en la música”, dijo Ayman Abu Bilal, de 41 años, carnicero que vio a Abdel-Aziz crecer. “Uno no entiende tres cuartas partes de las letras, pero luego oye algo bueno y se da cuenta de que toda la canción se refiere a tí.”

Durante mucho tiempo la música popular árabe estuvo dominada estrellas que hablan sobre el amor y el desamor y que se “venden” con videos musicales grabados en escenarios de lujo que muchos egipcios nunca visitarán. Mina Girgis, etnomusicólogo egipcio, dijo que eso dejó un amplio espacio después de la revolución para música que guardara mayor relación con el público.

“No voy a escuchar canciones pop cursis mientras la gente está muriendo, sino canciones sobre problemas sociales”, dijo. “Así que había un vacío y la gente estaba buscando un sonido que hiciera eco de lo que estaban viviendo.”

Grupos de otros géneros, como el folk y el rock, también han abordado temas sociales, pero no tienen el atractivo masivo del mahraganat. Algunos críticos consideran que el auge del mahraganat es reflejo del deterioro social desde la revolución.

“Que Dios acabe con mi vida”, dijo Hilmy Bakr, un destacado miembro del sindicato de músicos, alzando la voz hasta que su cara se puso roja. “¿Cómo saben las personas que la sociedad se está desmoronando? Cuando estas canciones se vuelven las más vendidas”.

De las nuevas estrellas, ninguna ha llegado más alto – y enfurecido más al Sr. Bakr – que Okka y Ortega.

Los chicos, cuyos nombres reales son Muhammad Salah y Ahmed Mustafa, comenzaron como raperos, escribiendo rimas acerca de su barrio y pagando por hora para grabar sus canciones en cibercafés.

Hicieron su primera canción mahraganat en forma de broma y se sorprendieron cuando se volvió popular: poco después la escucharon en un carro que pasó junto a ellos, y persiguieron al conductor para decirle que era de ellos. Pensó que estábamos bromeando, dijeron.

Compraron una computadora de 400 dólares para que pudieran grabar en casa, y pusieron sus nombres en su siguiente canción para que otros cantantes no se la robaran.

Dos más de sus canciones se popularizaron, por lo que contrataron a un manager, dejaron de presentarse en bodas callejeras y comenzaron a cantar para comerciales. Hasta el momento, han grabado canciones para una compañía telefónica egipcia,

 

una línea de alimentos congelados llamada Meatland

 

y una versión egipcia del Viagra, conocida como “La caja de oro.”

Si bien en un principio hacían alarde de sus “credenciales de clase baja”, han cambiado desde entonces. En una noche reciente en su modesto estudio se jactaban de sus proyectos futuros: un álbum y video musical el 1 de junio, viajes a Estados Unidos y otros países a finales de este año y un comercial de gel para el cabello.

“Tenemos que llevar esta música a todo el mundo y decirle a quienes nos insultaban que no estamos haciendo algo estúpido”, dijo Mustafa.

“Quiero caminar por la alfombra roja”, dijo Salah, pavoneándose por la habitación y saludando a un público imaginario. “Soy Okka!”

Fuente: http://www.nytimes.com/2013/05/12/world/middleeast/egypts-chaos-stirs-musical-revolution.html?_r=1

Electro Chaabi

Documental de 2013 de 77 minutos dirigido por Hind Meddeb y producido por Karim Boutros Ghali sobre la música que se toca en las fiestas y bodas callejeras de El Cairo (mahraganat).

http://www.cultureunplugged.com/documentary/watch-online/play/51858/Electro-Chaabi

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Acerca de Giselle Habibi

Soy la autora del libro Danza Oriental en Egipto, periodista, traductora y bailarina de danza árabe, pero ese es mi ego hablando. Mi yo interior es un espíritu despierto, un alma ecléctica que vive el presente apasionadamente. Creo que en la amplia variedad de habitantes de este mundo tenemos una fuente inagotable de maestros así como de compañeros para disfrutar el samsara. Desearía que cuidáramos mejor a la naturaleza y especialmente a nuestra familia humana, porque todos somos UNO y lo que pensamos, hacemos y decimos reverbera para siempre.
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