La danza del vientre en los años 70

(Artículo publicado en la edición impresa de septiembre / octubre de 1971 de la revista Saudi Aramco World).

Por Elias Antar*

En el club nocturno Maryland, incongruentemente ubicado a la mitad de un parque infantil en El Cairo, las sillas rasparon en la oscuridad para que la orquesta árabe se sentara. La sala, llena, guardó silencio con expectación y los músicos tocaron una animada introducción. Una luz iluminó la figura curvilínea de Soheir Zaki, cubierta por velos de color azul con lentejuelas y con el cabello largo y negro. Durante los siguientes 40 minutos Soheir deleitó al público con una interpretación altamente meritoria de la danza del vientre, este antiguo arte árabe tan malentendido en occidente.

Soheir, que viene de una ciudad en Egipto conocida por sus hermosas mujeres, es una de las pocas belly dancers de Oriente Medio que han llegado a la cima de su profesión. Dotada de los atributos físicos adecuados, tiene una ventaja adicional que le ha ayudado a ganar seguidores: una sonrisa que no es seductora o atractiva, sino simplemente dulce. Esto ha hecho que sea popular entre las mujeres, como fue evidente en esa noche de primavera en El Cairo.

soheir zaki

Normalmente, la mirada de las mujeres árabes que observan a una bailarina del vientre  es resignada pero con una ligera desaprobación, mientras que sus hombres asienten con la cabeza para seguir el ritmo, aplauden al compás de la música o disfrutan de noches de fantasía. Las mujeres de “Merryland” parecían relajadas, participativas y de buen humor. Le devolvían la sonrisa a Soheir mientras sacudía sus pechos, caderas y ondulaba el vientre, todo con esa dulce sonrisa en su rostro. Era difícil concebir que esto fuera la “danza del vientre” que en Occidente todavía tiene fuertes connotaciones de vulgaridad y libertinaje.

Lleva puesto el traje tradicional: brassiere, falda larga con aberturas a los lados para permitir libertad de movimiento. De acuerdo con la regulación gubernamental egipcia Souheir lleva cubierta el área entre el pecho y las caderas con una gasa vaporosa que no oculta su figura. La regulación tuvo la intención de hacer que el baile fuera recatado, pero las chicas han conseguido darle la vuelta y el recubrimiento resalta su anatomía en lugar de ocultarla.

El latido de un tambor de marco es el latido de la danza del vientre. Soheir se balanceó, giró y onduló por el escenario, expresándose con sinuosos movimientos de brazos y piernas, girando sus caderas hacia arriba, hacia los lados y hacia abajo de nuevo. Aunque el nombre implica un énfasis en el abdomen, esta parte de la anatomía es, de hecho, sólo un elemento en la danza. Una buena bailarina utiliza los brazos, la cabeza, las piernas, los pechos y las caderas para formar un todo agradable, haciendo hincapié en cada parte conforme el tempo de la música lo requiere. Soheir, que tiene un fino sentido del ritmo, entiende bien la música. A la mitad de su actuación, se puso los sagat, pequeños platillos de bronce con los que lleva el ritmo. La actuación terminó, como suele hacerlo, con algunas piruetas y un arco, y la luz se apagó incluso antes de que Soheir saliera del escenario.

La danza del vientre, de una forma u otra, se interpreta en casi todo el mundo árabe, pero por una serie de razones se asocia principalmente con Egipto. De hecho, la mayoría de las bailarinas actuales provienen de Egipto, y solo una pequeña minoría viene de Líbano o Siria. Los cálculos varían, pero se cree que hay alrededor de 500 bailarinas en Egipto, mientras que Líbano tiene tal vez un par de docenas que trabajan en los clubes nocturnos famosos de Beirut, e incluso allí algunas bailarinas son egipcias. La profesión tiene la misma estructura piramidal que el resto del mundo del espectáculo. En la parte inferior hay un gran número de principiantes o bailarinas mediocres que se presentan en los cafés frente al mar o teatros de ciudades poco sofisticadas. Después están las que a fuerza de un trabajo duro, algo de talento y un favor o dos han conseguido abrirse camino a los cabarets menos conocidos de El Cairo, Beirut y Damasco. En la parte superior hay media docena de bailarinas como Soheir, que se presentan en los mejores centros nocturnos, han actuado en películas y cobran más que todas.

Quizá la número uno en Oriente Medio sea Nadia Gamal, alejandrina de 32 años de edad de ascendencia griega-italiana que ahora vive en Beirut. Comenzó su carrera artística hace casi 20 años y manteniéndose enfocada se ha convertido en una estrella de renombre internacional. El enfoque de Nadia sobre su profesión es una formidable combinación de talento extraordinario, energía, inteligencia y dedicación, y su interpretación de la “danza oriental”, como ella insiste en que se le llame, es simplemente hermosa.

nadia gamal

En Egipto está Soheir, de 25 años, que viene de una familia conservadora que en un principio se opuso a todos sus esfuerzos para convertirse en bailarina. Para desanimarla de su ambición, solían pegarle e incluso le raparon  su larga cabellera hasta la cintura. Pero huyó y una noche en un club nocturno de Alejandría, cuando tenía 11 años, un productor de televisión vio su figura bien desarrollada y le ofreció un trabajo.

Otras dos bailarinas de renombre en Egipto son Nagwa Fouad, de 30 años, que ha sido bailarina desde hace casi 15 años. Ella también se escapó de casa, y con una figura atractiva y gran talento, llegó a la cima. También está Nahed Sabry, de 34 años. Primero trabajó como secretaria, y empezó a bailar relativamente tarde, a los 26 años. Sin embargo, los brillantes ojos obscuros de Nahed, su figura imponente y su exuberante estilo de baile la llevaron rápidamente a la fama.

La naturaleza de su ocupación hace que las bailarinas estén en desacuerdo sobre todas las cosas, incluyendo los orígenes de su arte. De hecho, en realidad nadie sabe cómo y dónde comenzó la danza del vientre. Algunas personas sostienen que surgió en la época faraónica, y señalan como prueba las pinturas en las tumbas que muestran bailarinas vestidas con velos transparentes. La mayoría de las bailarinas egipcias se ven tentadas por esta teoría, pero de mala gana admiten que los dibujos en las tumbas faraónicas representan movimientos y posiciones que son demasiado estilizados como para guardar una relación con los movimientos fluidos de la danza del vientre. Soheir no cree que comenzó en la época faraónica, pero tampoco le importa mucho. “Simplemente cierro los ojos, siento la música y bailo”, dice encogiéndose de hombros.

Las autoridades egipcias en el Ministerio de Cultura y Orientación Nacional prefieren hacer hincapié en el baile folclórico por ser más acorde con la tradición egipcia que la danza del vientre. Los periódicos de El Cairo suelen criticar “el culto a la danza del vientre” y un columnista que despotricó recientemente sobre la popularidad de la danza escribió: “Hay bailarinas del vientre en todas partes ¿Por qué? ¿Estamos introduciendo un nuevo tipo de arte que podría llamarse la civilización de mover el ombligo? Pongámonos serios sobre todo este absurdo y limpiemos nuestras artes”.

Como reflejo de esta opinión, la danza del vientre no recibe el apoyo ni la promoción del Gobierno, es mencionada por los funcionarios con el ceño fruncido, y se atribuye a los turcos, que gobernaron Egipto durante 400 años. Las autoridades turcas, menos inhibidas sobre este asunto,  concuerdan con entusiasmo. “Por supuesto que surgió aquí”, dijo uno enfáticamente. “Todos lo saben”. Eso es discutible, pero no hay duda de que la danza del vientre es muy popular en Turquía en la actualidad; la mayoría de las bailarinas provienen de Sulukule, el antiguo barrio gitano de Estambul.

“Los turcos no tienen nada que ver con la danza”, dice Nadia. “Todo lo que hicieron fue introducir los sagat”. Ella dice que la danza del vientre proviene de los fenicios, los antepasados de Líbano moderno. Era realizada por doncellas vírgenes a punto de ser sacrificadas a los dioses. Más adelante en la historia árabe, dice Nadia, las mujeres de los harenes, tratando de atraer la atención de sus amos, encontraron que la danza de vientre era la forma más eficaz de transmitir su mensaje. Los recuentos sobre-idealizados de esta versión traídos por los viajeros occidentales en el siglo XIX contribuyeron a la mala reputación que la danza tiene en Occidente.

Independientemente de sus orígenes no hay duda de que la fuente de la danza del vientre en este siglo fue el “Casino Opera” en El Cairo, ubicado al otro lado de la plaza de la ópera de Egipto. El Casino Opera fue fundado en 1927 por Badia Masabni, una mujer emprendedora de padres libaneses que entonces estaba casada con el dramaturgo más importante de Egipto. Valiéndose de innovaciones como un escenario giratorio accionado eléctricamente, Badia presenta actos de vodevil, comedias y cantantes. Y, por supuesto, bailarinas. Es justo decir que Badia, ahora de 78 años y propietaria de una granja lechera en Líbano, ayudó a decenas de bailarinas a iniciar su camino artístico antes de vender el casino en 1950.

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En los primeros días no bailaban solas sino en una especie de línea de coro, con Badia al frente tocando los sagat y bailando ocasionalmente. Las que tenían un talento particular eran colocadas en la primera fila y, finalmente, alcanzaban el estrellato. Cuando Nadia Gamal era niña, ejecutaba bailes occidentales con su madre en el Casino Opera. Una noche se encontró sola en el escenario y, venciendo su miedo inicial, comenzó a bailar la danza del vientre. ” Badia estaba tan feliz que cuando terminé apareció en el escenario, me dio un beso y me dio diez libras egipcias, una fortuna en aquellos días”, recuerda Nadia.

La más famosa alumna del Casino Opera es Tahia Carioca, primera bailarina de danza del vientre en el mundo árabe desde hace casi dos décadas. Tahia, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de bailarina, lleva un vestido largo que no muestra ninguna parte de su cuerpo y baila en el centro del escenario. Con un mínimo de movimiento, lleva al público a un éxtasis de placer. “En esos días pensaban que era atractiva porque bailaba con la boca ligeramente abierta”, recuerda Tahia. “La verdad era que sufría de asma y tenía dificultad para respirar, por lo que mantenía la boca abierta para tener más aire.” Tahia se retiró en 1956 a los 37 años, pasó a una exitosa carrera como estrella de cine y ahora tiene su propia compañía de teatro.

tahiya carioca

El estilo de baile de Tahia sirvió de puente entre una versión anterior de la danza del vientre y la que practican ahora Nadia Gamal, Soheir Zaki y la mayoría de las bailarinas de cabaret. La vieja escuela, que hacía hincapié en los movimientos musculares mientras la bailarina se mantenía quieta, proviene de la clase de baile practicada por las awalem, que literalmente significa “las que enseñan”. Lo que las awalem enseñaban a las parejas no informadas era lo que hay que hacer en la noche de bodas. Dos o tres awalem asistían a la mayoría de las bodas, que estimulaban al novio y diaban consejos a la novia. La educación ha disminuido la demanda de awalem, pero todavía participan en las bodas en las partes más poblados de El Cairo y otras ciudades egipcias. Incluso las parejas acomodadas contratan a una bailarina para sus bodas, sólo para mantener la tradición.

El tercer tipo de bailarina suele verse en las celebraciones y las fiestas locales. En general la danza se improvisa y la ejecuta una mujer bien dotada con una mascada atada en las caderas para acentuar sus movimientos y lleva un vestido hasta los tobillos. Los hombres a veces participan, acompañando el movimiento de las mujeres, golpeando la cabeza de un bastón en el suelo.

¿Qué cualidades debe tener una buena bailarina del vientre? “Dignidad”, dice Tahia con autoridad incuestionable. “Debe expresar la vida, la muerte, la felicidad, la tristeza, el amor y la ira, pero por encima de todo, lo que tiene que tener dignidad”. Tahia admite que una bailarina del vientre también debe ser sexy, pero aclara que “no debe ser vulgar o flagrante”. Nadia, cuyo acercamiento al arte es quizás más cerebral que la de sus contemporáneas, concuerda. “La danza del vientre es en esencia una expresión de la feminidad”, dice. “Debe, entre otras cosas, sugerir sexo, pero con delicadeza, dando a entender en vez de imponiendo, y siempre debe ser de buen gusto. Definitivamente no es sólo una cuestión de mostrar el cuerpo”.

Soheir es algo menos articulada. Ella expresa su sentimiento por el baile como un estado de ánimo en que la música se presta al ritmo. Por su parte, Nagwa Fouad dice que el sexo está en los oídos del espectador. “Cuando la música se vuelve sinuosa, entonces la bailarina parece sexy, pero en realidad no lo es”, dice Fouad, dando a entender que no hay necesidad de que la bailarina se preocupe por ello.

nagwa fouad

Nagwa se metió a la danza del vientre para escapar del matrimonio. Sus padres querían que se casara con un primo, así que huyó de su casa en Alejandría y se fuea El Cairo. Trató de convertirse en cantante, pero el principal compositor de Egipto le dijo que su voz era terrible. “Sin embargo, tu figura es la mejor que he visto en mi vida”, continuó, y pronto se convirtió en bailarina y participó en una película que estaba produciendo. Los puristas dicen que Nagwa, luego de participar en 34 películas y un sinnúmero de presentaciones en vivo, ha abandonado la verdadera danza del vientre por algo no del todo definible. Dicen que se basa en trucos tales como cascabeles en sus muñecas y un candelabro con 13 velas que equilibra sobre la cabeza, el punto culminante de su acto todas las noches en uno de los mayores hoteles de El Cairo. Nagwa admite que ella ha intentado introducir “nuevos elementos” en la danza del vientre, pero sostiene que los resultados son gratificantes.

Nadia argumenta que no hay necesidad de accesorios como un candelabro y su opinión parece válida aunque sólo sea por su impresionante trayectoria profesional: estudió ballet clásico durante 11 años y un bailarín de tap americano le enseñó acrobacias. Estudió piano durante tres años y coreografía dos años. “Cualquier mujer puede mover el cuerpo y llamarlo danza del vientre. Pero sé lo que estoy hablando cuando digo que se necesita mucho trabajo y dedicación para ser una bailarina oriental de primera”, explicó. Además de su actuación accidental en el Casino Opera, Nadia no comenzó como bailarina del vientre. Ejecutaba danzas folclóricas rusas o húngaras. Una noche en un cabaret en Líbano, la belly dancer se enfermó y Nadia fue más o menos obligada a sustituirla. Dio tal actuación que el público se volvió loco, y pronto cambió a la danza oriental.

Su decisión fue acertada. En los años siguientes, se convirtió en la que probablemente sea la única bailarina del vientre de Oriente Medio conocido internacionalmente. Se presentó en toda Europa, incluyendo Austria, Finlandia, España, Portugal, Italia, Alemania Occidental, Francia, Suiza, Grecia, Turquía y Chipre. También ha bailado en Irán, la India y Ceilán y a  principios de este año hizo una gira de gran éxito a Venezuela. (El idioma no es un problema para ella: habla, lee y escribe siete) Uno de los puntos altos de su carrera fue cuando bailó en el Festival Internacional de Baalbeck en 1968, un evento anual de un mes de duración que ese año también contó con luminarias como Herbert von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín.

Nadia es tan segura de sí misma que afirma que puede bailar la danza del vientre con música no árabe, como ritmos latinoamericanos. Pero admite que sólo la música y los instrumentos árabes pueden dar a la danza oriental toda su amplitud de expresión. Domina diez tipos de ritmos para la danza oriental con nombres rebuscados como mouwashah, makloubeh, oughrouk, y masmoudeh. Algunos son rápidos y requieren un trabajo de pies ágil y enorme energía; otros son lentas y seductores, destacando el control muscular y la fluidez del movimiento. “El cambio de ritmo y la secuencia depende del público y su reacción, y también del estado de ánimo del momento y lugar”. Incluso en la atmósfera fría de un estudio de grabación de televisión, Nadia es excepcional. En una sesión de grabación reciente, el equipo le dio una ovación espontánea después de su baile de nueve minutos, una actuación en la que movió todo, desde su cabello hasta las puntas de los dedos y que la dejó bañada en sudor y la cara radiante de placer por el tributo de aquellos profesionales.

A Nadia le gustaría escribir un libro para enseñar la danza oriental. Si tiene éxito, le gustaría abrir una escuela de danza cuando se retire. No hay una instrucción formal disponible para la danza del vientre en la actualidad. La mayoría aprende este arte viendo a bailarinas consagradas. Ibrahim Akef, un egipcio que proviene de una famosa familia de acróbatas, ofrece una clase de baile en El Cairo pero no es una escuela en el sentido formal y ciertamente no puede igualar la experiencia proporcionada por el Casino Opera.

La danza del vientre requiere cierto auto-sacrificio, sobre todo en lo referente al matrimonio y los niños. Muchas bailarinas tienen una vida matrimonial infeliz, ya que, en una sociedad que valora la procreación, se niegan a tener hijos por miedo a echar a perder su figura. Por esta y otras razones, hay una alta tasa de divorcio entre las bailarinas del vientre. Otro problema es la necesidad de vigilar constantemente la dieta para detectar signos de flacidez o exceso de peso. Souhair bebe un vaso pequeño de jugo de limón puro todos los días. “Mantiene mi peso”, explica, una mueca reemplazar su dulce sonrisa.A Nadia le gusta montar a caballo y nadar, pero no tiene tiempo para hacerlo.

Sin embargo estos sacrificios se ven más que recompensados para las bailarinas más famosas, algo que es importante en una profesión en la que pocas mujeres pueden continuar más allá de los 30 años. Las bailarinas en centros nocturnos famosos ganan entre US$100 y US$200 por noche. Y por bailar 20 minutos en fiestas privadas llegan a cobrar hasta US$1,000. Con los ingresos adicionales de las películas y la televisión, la mayoría de las buenas bailarinas tienen una vida cómoda, con casas de moda, coches deportivos y todo lo que eso conlleva.

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*Elias Antar es corresponsal de Associated Press en Beirut y colaborador habitual de Aramco World.

 

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Acerca de Giselle Habibi

Soy periodista, traductora y bailarina de danza árabe, pero ese es mi ego hablando. Mi yo interior es un espíritu despierto, un alma ecléctica que vive el presente apasionadamente. Creo que en la amplia variedad de habitantes de este mundo tenemos una fuente inagotable de maestros así como de compañeros para disfrutar el samsara. Desearía que cuidáramos mejor a la naturaleza y especialmente a nuestra familia humana, porque todos somos UNO y lo que pensamos, hacemos y decimos reverbera para siempre.
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